sábado, 2 de julio de 2016

LA NOVENA SINFONÍA DE LUDWIG VAN BEETHOVEN



LA NOVENA SINFONÍA DE LUDWIG VAN BEETHOVEN


Existen en la música selecta una serie de nombres importantes, famosos, populares, pero sin duda que Ludwig Van Beethoven, el genio de Bonn es un músico que ha grabado su nombre a fuego en la historia mundial de la música. La música de Beethoven son melodías que te transportan, te encienden el alma, el corazón, su música logra elevarte porque posee una majestuosidad suprema. Sus luchas musicales, sus sonidos consiguen estremecerte y comprender que los sentimientos, las sensaciones, los estados de ánimo son totalmente traspasables a una partitura de una forma tan perfecta. Esta exquisitez melódica le ha preservado un puesto en el Walhalla musical. Es así como una de sus obras emblemáticas, la Sinfonía nº 9 Op. 125 en Re menor (coral), estrenada ante una ávida multitud el 7 de mayo de 1824 en el Kärtnertor-theater de Viena, ha trascendido a tal nivel, que no sólo ha pasado a ser el himno de la Unión Europea, sino que se ha convertido en un verdadero símbolo mundial, una de las más excelsas creaciones que ha presenciado la historia de la humanidad. 
Por lo que tengo entendido estando Beethoven vivo la obra sólo se tocó una vez y sólo posteriormente hemos podido mensurar los problemas que esta obra, totalmente nueva, suscitaba a los intérpretes. Fue la interpretación de Richard Wagner lo que marcó el éxito duradero de la obra. De otra parte, hay que tener en cuenta que la tradición sólo tiene sentido si está viva y presente. Almacenar y congelar obras como la novena sinfonía de Beethoven es imposible. Como todas las obras de arte vivas, esta pieza sólo morirá cuando las gentes, la comunidad humana para la que nació, dejen de existir. Cualquier obra musical concebida a la medida de Europa, sólo será duradera mientras Europa lo sea. La obra de Beethoven rebosa fuego, pasión, embriaga de los sentimientos del romanticismo, pasiones tan característicos del compositor alemán. No obstante, se conoce poco y nada acerca de su génesis artística y de las ideas que Beethoven quiso expresar en ella, las cuales fueron su legado para la posteridad. Para empezar debemos centrarnos en la idea de que Beethoven fue un romántico, por comprender que el arte es la máxima expresión de la vida, la concepción del arte como un canal expresivo de sentimientos, de ideales, de pensamientos el individuo que desarrolla a plenitud sus potencialidades creadoras para expresar su subjetividad, construyendo así, su propio destino, pues “el arte es afirmación de vida. El acto mismo de la creación es un desafío a la derrota y la desesperación. Arte es negación de muerte” (David & Federico Ewen, Biografía musical de Viena). En la obra queda claro, además la idea de libertad, debemos recordar que Beethoven fue un efusivo admirador de las ideas de la revolución francesa y del propio Napoleón antes de que este se coronara emperador. La libertad que el compositor planeta es una libertad no solo política, sino que es una libertad para crear, para vivir, para ser. Ésta idea de fraternidad es la que se plasma en el movimiento coral de la novena con el poema de Schiller en donde se manifiestan de forma muy clara los ideales de la ilustración y la revolución, o sea, ideales románticos. La obra tiene cuatro movimientos, el primero despierta con fuerza, es un renacer de un nuevo pensamiento, que se abre a nuevos tiempos, esto se advierte en un crescendo tocado por violas y violines. El segundo movimiento es un scherzo en compás de ¾ que sugiere sutilmente una anticipación de la oda a la alegría que vamos a oír. Este movimiento irradia energía por todos lados, consta de dos secciones que se repiten y una coda. En el tercer movimiento Beethoven juega con Adagio molto e cantabile - Andante Moderato - Tempo Primo - Andante Moderato - Adagio - Lo Stesso Tempo, lo que significa un abanico de tonalidades que son el deleite de los oyentes Las trompas, Los fagots y Los clarinetes responder periódicamente en eco y el último eco se prolonga con acordes de cuerdas. Y finalmente llegamos al éxtasis de la obra el cuarto movimiento en donde el músico utiliza el poema de Schiller con las voces humanas como gran final. Dada su complejidad se puede concebir una sinfonía dentro de un único movimiento, incluye solos de barítono, coros, instrumental, tenor. Al inicio del movimiento ya escuchamos los sones del “Himno a la alegría” con las palabras del poeta alemán. La oda es un típico texto romántico en que se exalta a la naturaleza y al hombre. En particular, aquí celebra la hermandad entre los seres humanos. Este movimiento es la cúspide musical romántica de la expresión sentimental de Beethoven que incluyó la voz humana en la Novena Sinfonía porque aquélla expresaba de mejor forma la idea que él quería plasmar en su obra y provocar en el oyente. ¿Cómo? Simplemente apelando a la sonoridad única de la voz humana y a su provocativo emocionalismo, casi catártico. Por lo demás, las palabras interpretan el significado de la música tanto como la música descubre el sentido íntimo de las palabras, y los ritmos y las armonías del acompañamiento musical proporcionan color, luz y sombra, pintando, en esta forma, la escena del poema. Para explicar esta inclusión musical que, como era propio de Beethoven rompió los márgenes establecidos, citaremos a otro rompedor de esquemas en la música alemana: Richard Wagner: “¿Por qué la música vocal no debería poder formar tan bien como la música instrumental un género grande serio? La voz humana está ahí. Sí, es incluso, con mucho, un órgano sonoro más bello y noble que cualquier instrumento”

María José Mattus.