domingo, 6 de noviembre de 2016

Reflexiones sobre el arte actual





El arte le habla a todo el mundo, expresa, emociona. La belleza de la literatura, la sensibilidad de la hermosa música, son revelaciones de lo que el ser humano es capaz de hacer, transmitir y preservar. Durante siglos, los amantes del arte hemos luchado, contra viento y marea para preservar la belleza de las representaciones a cargo de los más maravillosos teatros del mundo y de las mejores orquestas, compuestas por los músicos más connotados. Sin embargo, existe en la ópera, incluyo también a la música clásica, una división entre los seguidores de tan noble arte. Mucho concuerdan en que las representaciones de ópera deben romper los esquemas establecidos y moldearse a los nuevos tiempos dándole un toque moderno , excesivamente moderno que más bien lo aleja del original y no solo lo aleja, sino que, diluye el motivo de la ópera, su esencia, su frescura, su encanto.
Críticos de óperas advierten que hay dos vertientes de lo que podría ser llamada como ópera contemporánea. Una es la relectura de un clásico y la otra es hacer montajes completamente nuevos. Si bien existen producciones que quedan muy bien con un marco nuevo de tiempo y escenario, es decir, de regie, como el “Fidelio” presentado por el MET el año 2000, con Karita Mattila y Ben Happner, ambientado en la segunda guerra mundial consiguió mantener la ópera en su esencia sin contaminarla con escenarios absurdos y con colores brillantes que no apoyan la música. Otro fantástico ejemplo es “La Traviata” que se montó en Salzburgo el 2005 con Anna Netrebko y Rolando Villazón, la presentación disponía de un escenario blanco muy minimalista (algo que sin duda hubiese encantado a su compositor el que argumentaba que los escenarios no debían opacar la trama y la voz de los cantantes), pero con la columna  de la ópera intacta y como siempre, con una filarmónica de Viena brillante.
A diferencia de estos bellos ejemplos de “modernidad” en la ópera tenemos ejemplos, que a mi juicio son bastante detestables, como la puesta en escena de “Carmen” en Argentina el 2012, con una producción ambientada en una colonia violenta de Latinoamérica, en la que el lugar de gitanos había pandilleros y la habanera fue bailada con pasos de hip-hop y ritmos tropicales. Este tipo de deformaciones, son las que rechazo en todas sus formas. El arte, la música y un género tan sagrado como la ópera no deben ser aniquilados con expresiones  que no aportan en nada a la preservación de este patrimonio musical del que tenemos la responsabilidad de hacer perdurar de forma pura a través del tiempo.
Al fomentar estas regie, usan como excusa que la ópera llegue a más personas, pero eso es
una falacia y una excusa barata, ya que en conciertos populares encabezados por tenores de la trayectoria de Domingo, las personas asisten agradeciendo, la pureza y preservación del arte y deleitándose con lo esencial en una ópera: La música y la voz de los cantantes. La música clásica, la ópera, la literatura es algo que no siempre llegará a las masas. Si queremos que esta situación cambie, debemos comenzar educando a nuestros niños y no ridiculizando y destrozando bellas óperas 

María José Mattus A